La caverna de la vergüenza


Que se te estropee el coche tiene cosas malas (la pasta de la reparación, el no poder ir a ninguna parte…) y cosas buenas. Entre ellas, el descubrir nuevos y sorprendentes mundos. Por no decir dimensiones.

El caso es que esta mañana no pude coger mi vehículo y tuve que hacer uso del de mi padre, un Peugeot 406 con sus añitos. Entre sus características destaca un color verde a rayas -o rayones- y contar con una radio cuyo display hace mucho que pasó a mejor vida. En un intento inútil por seleccionar una radiofórmula, por aquello de evitar escuchar más majaderías políticas o económicas, fui a parar a una emisora hasta entonces indeterminada que resultó ser la más oscura de las cavernas.

A eso de las 7:30 horas, una voz con un tanto estridente y con frenillo me daba los buenos días. Los buenos y crispados días. En medio de la autovía me veía atrapada por ese paladín de la extrema derecha y del tea party español: el señor Federico Jiménez Losantos. “Encantada de conocerle, don Federico, eran muchas mis ganas y hasta ahora no había tenido el placer”. Total, que sus 20 minutos escuchando a este señor soltar lindeces desde su Es Radio es más que suficiente motivo para que empiece la mañana doblemente amargada: en primer lugar, por la vergüenza que da contar con periodistas (por así llamarlos, que más bien son auténticos folloneros) que ejercen tan mal la profesión y que suponen un constante atentado contra la objetividad y el respeto; y el hecho de conocer una actualidad ya de por sí difícil de los labios de una persona demagoga y que gusta crispar a sus oyentes. Con arengas como las matutinas de este señor entiendo a la perfección muchas sandeces que se escuchan a diario por la calle o se postean en los blogs.

Más allá de la ideología, que este señor más que un ideólogo es un kamikaze del periodismo y un azote sistemático al honor de las personas, el tono totalmente fuera de lugar hace que personajes como este deban estar más fuera que dentro de la profesión. Para que se entienda, y con todos mis respeto hacia sus oyentes, este señor es a la radio lo que la Esteban es a la televisión: basura. Y siguiendo con esta comparación, la única causa de que sigan ambos donde están no la tiene lo atroz de su persona ni la repulsa que toda ética les otorgaría, sino la simple razón de ser entes con simpatía entre algunos sectores igual de fanáticos.

Invito a quien no haya tenido la oportunidad de levantarse de sopetón con semejante falta a la verdad, lo haga, tanto si le causa finalmente afinidad o no. Es todo un ejercicio periodístico y ciudadano de reflexión conocer que existen personas que ante un micrófono se crecen y parece no existir el fin ante su poder difamador. Pocas causas judiciales me parece tener abiertas dado el odio que este ser destila.

Como segunda anécdota del día del Peugeot 406 está la de aparcar en el mismo sitio, llamando esta vez la atención del gorrilla que cada mañana ignora mi Lanos. Quizás este señor pueda quedar impasible ante mi radiofórmula diaria pero sea incapaz de hacerlo con Federico. Si fuera así, me sería grato admitir que aún pintadas de verde o gris hay quien llega a distinguir las churras de las merinas.

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