La culpa es de la becaria


Es muy sencillo sacar balones fuera -nunca mejor dicho- cuando uno comete un error. En realidad, para qué otra cosa más que para eso y para explotarlos sirven los becarios. Sin embargo, no puedo evitar sentir lástima por la ya famosa -pero a la vez anónima- becaria de la Real Federación Española de Fútbol que se ha visto obligada a salir a la palestra por haber escrito un comentario que ha sentado mal a un club de la talla del Real Madrid. Sea o no suya la autoría de dicha frase, siempre es bueno que haya niños. Y el refranero español es muy sabio.

Leyendo esta tarde una noticia publicada por El Mundo en su edición digital, ‘El Madrid se indigna y la Federación culpa a la becaria’, hay algo en mí que se remuerde por dentro. Probablemente a la lástima se sume la compasión, y por qué no decirlo, mi más absoluta solidaridad con la chica. En primer lugar, porque no es fácil sobrevivir en un mundo de hombres,; y en segundo lugar, porque ¡chica, todos cometemos errores! Unos errores que no nos gustan saquen a luz tan pública, menos aún cuando estamos aprendiendo y somos el último mono.

Puedo hacerme una idea de cómo habrá sentado a la joven semejante corrección. A mí me parece más que es un puro menosprecio a su trabajo, al relacionado con su categoría, si bien entiendo que era suya la autoría y el error lo es tal. Si no lo fuera, igualmente sería un menosprecio hacia ella al que se uniría la humillación.

Recuerdo una ocasión, estando de becaria en mi querido El Correo de Andalucía y que tantas alegrías me viene dando, que metí la patita de becaria hasta el fondo. Un problema con las fuentes, una de nuestras máximas exigencias profesionales y que a un aprendiz de periodista a veces tanto le puede costar. Pues bien, no se puso por delante a la becaria para tapar el agujero, sino que dieron la cara por mí y me trataron como a lo que realmente los becarios solemos ser: compañeros. Y no unos compañeros normales, sino los que más necesitamos en el mundo de comprensión. Fue la primera vez, y de las pocas después, que recibí de un superior el apelativo compañera. Siempre te hace sentir bien el escucharlo, pero más aún en situaciones en las que necesitas del máximo apoyo laboral.

El gran Madrid exige responsabilidades por esa noticia. Y la Federación ha colgado a su becaria. Entiendo que la ofensa ya se ha cobrado sobradamente. La pobre chica quedará para los restos como la becaria que ofendió a Mou. Ciertamente, muchos becarios ni siquiera tenemos nombre, somos “los becarios”, así que ella es a día de hoy la becaria reina del reino de los becarios, o lo que es lo mismo, la más famosa de cuantas hubo sin contar a la Lewinsky. Pero esa lo fue por otros motivos.

El caso es que sirva mi alegato para romper una lanza a favor de la chica, nuestra compañera, y criticar su linchamiento público. Los becarios somos personitas, señores de la Federación, no lo olviden. Seguro que de lo que no se olvidan es de pagarle menos por realizar la misma labor que un trabajador en nómina. Es lo que se llama memoria selectiva.

¡Animo, compañera! Todos cometemos errores.

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