Periodista ante un mar de niebla profesional


Tras unos días de capa caída atemorizada por el futuro y por un informe anual, hoy me siento realmente optimista. Ante la idea de que se me acaba el curro, ante el acojone de ignorar qué pasará conmigo, se ha abierto un ventanón por el que entra el aire fresco de nuevas e ilusionantes posibilidades, aunque limitadas.

Paradójicamente, y lo he dicho anteriormente, añoro ser becaria, ni mucho menos por el sueldo, sino porque asemejo esta categoría a mis meses dorados de actividad profesional (si se me permite llamarlo así). En cuestión de horas, ando ahí ahí ahora mismo, pero a nivel de satisfacciones…

Ciertamente, recuerdo que era feliz. Y ahora sé por qué lo era: porque mi culo inquieto me pedía movimiento, y me lo está volviendo a pedir ante el fin previsible de una etapa.

Ante la idea de volver a ser lo que era, lo que en el fondo siempre he sido, se me presentan un sinfín de ideas románticas sobre cuánto puedo volver a escribir y de cómo iré rompiendo día a día metas en cuanto a espacios que rellenar se refiere.

Me crezco ante la incertidumbre, como siempre ha sido habitual en mí. Que algo se acabe siempre significó que algo nuevo -y en ocasiones, mejor- estaba por comenzar. No tengo absoluta seguridad de nada, tan sólo la seguridad -por fin recuperada- de que si debo hacer de nuevos las maletas, no me va a costar. Se me olvidó esta vez que yo solía viajar muy ligera de equipaje.

Me estoy, en definitiva, haciendo el cuerpo a lo que venga, sea lo que sea, y pienso luchar porque sea algo que me devuelva la confianza que a veces pierdo y me haga seguir creciendo ya no sólo como periodista, sino como persona.

Como en mi cuadro favorito, ‘Caminante ante un mar de niebla’, ante mí diviso un amplio abanico de posibilidades borrosas pero excitantes que me hacen contemplar el desfiladero con cierto deseo de cruzarlo por ver más de cerca lo que hay.

Me siento satisfecha de mi trabajo hasta ahora, y creo que ellos también, y voy a seguir trabajando duro para que, pase lo que pase, sea lo que sea lo que venga, me pille con las botas bien amarradas cuando llegue febrero.

Cuando llegue febrero, cuando llegue febrero….

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