Au revoir, leit motif


Ya es un hecho. La Seguridad Social me ha dado la bienvenida a su sistema de cotización. Y esto significa, básicamente, dos cosas: la primera, que por fin tengo un trabajo legalmente hablando, y la segunda, consecuencia directa de la primera, que  abandono mi habitual estatus de becaria. Entonces, ¿me quedo sin leit motif para este blog?

La semana pasada ha sido de intensa actividad, de ahí que tenga esto un poco descuidado. Pero tranquilos, ha sido todo por una buena razón: ha aumentado mi jornada laboral, sí, pero no porque abusen de la becaria (que me han tratado súper bien siempre), sino porque ya soy oficialmente una trabajadora.

Me ha costado muchas idas y venidas, horas intensas de estudio, de patear calles y oficinas, pero ya tengo mi recompensa: un contrato. Siento, como es lógico, felicidad, pero quizás más que eso, tranquilidad. Es raro, pero muy confortable el saber que tienes tu nómina y tu cotización. Por fin dejaré de mendigar protección paterna (al menos para temas sanitarios). Me acuerdo ahora de otros compañeros, que no han tenido la misma oportunidad. ¡Ánimo y perseverancia!

Pero me alberga una duda en estos momentos: ¿qué sentido tiene este diario? Pues llevo un par de días dándole vueltas, buscando un nuevo enfoque para escribir. Quizás el problema está ahí, en que no debe haber nada nuevo. Trece días cotizados no son nada frente a cinco años de beca en beca. Ser becaria ya no es una profesión, es una actitud. El miedo a lo nuevo, la inseguridad, la inexperiencia, no desaparecen con un contrato, lo único que aumenta es la responsabilidad, mejor dicho, la exigencia de ella. He ahí el nuevo reto, combinar eficacia con eficiencia a mayores niveles.

Agradezco mucho a los pocos pero constantes lectores de este blog que hayan seguido mis escasos post becarios. Lástima que no hubiera abierto esto antes, pero supongo que desde la calle es difícil ponerse a escribir nada, excepto la crónica para en entrar en directo en el informativo, y en una servilleta totalmente arrugada.

Prometo seguir contando batallitas, pasadas y presentes, como cuando tuve que cubrir la muerte de Puerta (momento muy duro) con la gente de “Aquí hay tomate…” , o cuando visité los entresijos del metro antes que nadie. Ser becaria, visto con trece días de perspectiva, es divertido. Se echa de menos.

Lástima que mi banco y, sobre todo, la promotora de mi VPO prefieran un papel de la Seguridad Social donde ponga “Obras y servicios”. En definitiva, cuestiones administrativas, porque yo sigo exactamente igual: currando, y a Dios gracias.

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