Notas van, notas vienen


La semana pasada ha vuelto a llenarse la bandeja de entrada de mi correo personal de notas de prensa de diversa índole. Hacía tiempo que esto curiosamente no ocurría. Me lo tomo como un cumplido, sigo viva en muchas agendas, y es algo digno de agradecer.

Lo lamentable es que, más que recibir notas, yo soy la que desde hace tiempo necesita su propio público para mandar las suyas. Por ejemplo, esta semana, que anda entre los archivos de mi PC un texto sobre cierta conferencia que creo necesario difundir. Tan sólo espero que esta nota de prensa, al igual que las que yo he recibido a lo largo de esta pasada semana, sea acogida con tanta alegría por mis potenciales destinatarios como yo he recibido las suyas.

Cuando acudí a la preselección para la beca de Cajasol, me hicieron la pregunta vital en estos casos. “¿Por qué quieres trabajar en un gabinete de prensa?”. La respuesta que di entonces es tan válida antes como ahora, de hecho, sigo usándola. “Porque quiero conocer el otro lado“, suelo responder tajante.

Ciertamente, conocer el lado oscuro. Para los periodistas, los gabinetes son esos entes que se mueven a niveles oficiales (administraciones públicas, empresas de diversa índole, etc.) y que más que ayudar, estorban. Sintiéndome ya autóctona tanto de este lado como del otro, no creo que estorbemos: hacemos lo mismo que en cualquier medio común, filtrar información, dosificarla. ¿Quién me puede rebatir que la comunicación empresarial no es básicamente la comunicación de hoy en día, en cualquier sentido? Si a los gabineteros se nos acusa de acomodados y vendedores de humo, siempre humo empresarial, ¿qué es acaso un medio de comunicación, ya sea prensa, radio o televisión? No es más que otro tipo de empresa, pero empresa al fin y al cabo.

Ya he hecho referencia a esto en anteriores post, y a cómo periodistas de toda la vida convergen en este mismo pensamiento tras años ejerciendo la profesión. Si ahora vendo proyectos en un campo más completo (periodismo especializado lo llaman por su temática), antes vendía obras de tal alcalde o delegado, siempre desde el punto de vista del medio en el que trabajara. En todo caso, venta de información.

Quien asemeja el gabinete de prensa a la publicidad o al marketing, no anda mal encaminado. Aunque no me podrá negar que, como bien nos explicaban en Historia del Periodismo, la duda se siembra en estos casos. ¿Qué va primero: la información o la publicidad? Quien no lo tenga claro, que consulte, por ejemplo, las hojas volanderas y los advertisers. ¿El periodismo es anterior a la publicidad, o al revés? Como en el caso del huevo y la gallina, yo al menos me pierdo, pues las fronteras entre una cosa y otra, ya históricamente se diluían.

No me ofende quien se refiere a nosotros como gabineteros. No somos menos periodistas, sino diferentes. Te puede gustar más o menos estar delante o detrás de una mesa, el libro de los gustos está en blanco, pero no se nos puede negar que si existimos es porque las empresas ajenas a la comunicación tradicional han tomado conciencia del poder que tiene la venta información… también fuera de los medios.

Voy a abrir la agenda de contactos y a proceder al bombardeo indiscriminado. Tendréis noticias mías: mirad vuestros emails.

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