Mea culpa


Me he convertido por unos momentos en aquello que odio: me ha podido el orgullo.

Para quien no lo sepa, ser periodista no es un trabajo, sino una filosofía de vida, pero de las buenas. No es que queramos ser así, sino que hemos nacido con ese don, por así llamarlo. Porque para mí lo es, y lo ha sido siempre  el hecho de pensar en llegar algún día a ser lo que hoy soy: periodista.

Cuando desde pequeña creces entre periódicos, levantándote cada día con Iñaki y admirando a grandes personalidades televisivas, no es que te guste entretenerte de esta manera, sino que disfrutas con ello, haces de ello tu vida.

Es difícil explicar cómo en ti existe el amor por lo que haces, porque te es innato. Al fin y al cabo, los sentimientos son así, difíciles de explicar.

De todas formas, lejos de intentar hacer ver al ciego por naturaleza, entono mi propio mea culpa. Nunca el amor justificó cierto tipo de comportamiento, y mucho menos el amor al periodismo. Porque el periodismo es tan grande en sí mismo, que por sí solo, el que lo conoce bien, sabe que se justifica.

Esto de la comunicación no es tan sencillo como parece. Ni mucho menos tan bonito. Me dolerá siempre cuando escuche a alguien decir que está laboralmente mal. Eso es que no conoce a un periodista.

Lo que ellos no saben es que la mayoría de las empresas del sector se aprovechan de nuestro amor para ofrecernos condiciones laborales denigrantes. Eso sí que la mayoría ignora. A la gente es que siempre le gustó hablar sin saber.

Por eso me prometo a mí misma no entrar más al trapo ni rebajarme a niveles que ni un muckraker de la época haría. Lo que sí seguirá es llenándoseme el alma al decir que soy periodista, porque es lo que yo elegí ser. O como dice mi vecino “Ahí en tu piso donde vivías de pequeña han salido ya tres periodistas”. ¿Casualidad? Puede ser, pero yo prefiero quedarme con la magia de pensar que ese lugar nos marcó.

Curiosamente, echo de menos la FCOM. Ver a tanta gente con las mismas inquietudes que yo y sentir que no estás loca, ayuda mucho. Micrófonos y cámaras arriba y abajo ponen la nota de color al trasiego de sus pasillos. No somos unos estudiantes al uso. Y no seremos, por tanto, personas al uso.

Supongo que será por el entorno que no se nos comprende. Nadie visita la recóndita FCOM ni para estudiar (que dicen que no se puede). Mis cinco años allí se me pasan cada segundo por la mente, y es inevitable buscar a mi alrededor a alguien cargando con una grabadora que pueda comprenderme. Pero ahora no lo hay.

Si bien reconozco mis errores, seguiré siempre defendiendo nuestra causa, tan mía. Ahora que no está a mi alcance ningún periodiquero, como a veces nos llamamos entre nosotros,  al menos tengo este altavoz que me acerca a su realidad. Gracias a todos los que comentan estos tristes post, pues saber que mis compañeros, porque ellos sí lo son y siempre lo serán, reciben mis mensajes.

Ellos, que sí conocen este mundo, lo comprenden. No espero más de este blog.

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