Titulitis universalis


Me ha costado mucho, muchísimo, pero ya tengo entre mis manos mi título (al menos, el resguardo) de licenciada en Periodismo. ¿Motivo de alegría? Tss, no me siento ni más ni menos periodista con este papelito entre mis manos. Y parece que ni a las empresas ni al mundo en general les cambia un ápice la percepción de lo que es para ellos un licenciado. En pocas palabras, la línea que separa a un estudiante de un licenciado en periodismo más que ser fina, roza lo invisible.

Entre explotar a un estudiante o tener en la precariedad a un licenciado, poca diferencia existe. Personalmente, tengo la suerte de decir que estoy mil veces mejor laboralmente hablando ahora que cuando estaba estudiando. Se viene a mi mente recuerdos de cierta emisora que… Bah, ya pasó. Pero no estoy ahora mejor por ser licenciada que antes cuando era estudiante. Sigo siendo becaria, becaria estudiantil a mucho orgullo, pero las condiciones gracias a Dios, son muy distintas. Es lo que tiene haber dejado de hacer la calle. Más que nos pese a la profesión.

“A los gabinetes se prensa se va a morir”, dicen muchos. Yo digo justamente lo contrario: se vuelve a la vida. Dejas atrás horarios infernales de turnos que no acaban, disfrutas por fin de los fines de semanas y ¡oh, sí! las vacaciones son de verdad. Profesor Antuna, qué poco caso hice a esa poco valorada asignatura de “Gabinetes de Comunicación” cuando ignoraba que el futuro de verdad estaba en una cuatrimestral de tercero de carrera del Plan de 2002 (que ahora con Bolonia no sé siquiera si existirá).

Supongo que cuando te dicen que mueres, se refieren a que mueres profesionalmente. Bueno sí, aunque no considero que haga menos periodismo ahora, sino diferente. Antes, vendía un medio, ahora una empresa. ¿Y qué es un medio si no una empresa pura y dura? Como bien me decía la gran Ana Fernández, “no hay mucha diferencia”. Ahora lo pienso, y tenía razón. Qué grande Ana, sincera como pocas.

A pesar de todo ello, lo confieso. Licenciada o no, yo nunca he sufrido esa enfermedad tan extendida en el siglo XXI entre la población: la titulitis. Los síntomas son evidentes: CV de páginas y páginas, cribas rigurosas… Total, para nada. ¿Quién no tiene a día de hoy algún tipo de estudio superior?

Los títulos, al igual que la foto de la orla, quedaron para los padres… si es que están, o algún día estuvieron, conformes con que su niño estudiara Periodismo. Ya dedicaré otro post a esto, que tiene mucho jugo.

En definitiva, ya puedo pasearme por ahí con un papelito más y 122 euros menos, que es lo que cuesta el título y no 5 años de carrera como muchos piensan (Universidad pública, le llaman). Ya estoy oficialmente acreditada para formar parte de la empresa más grande de España: el INEM. Y, visto lo visto, creo que es la empresa con más calidad humana de entre las que voy a poder trabajar. Estoy de enhorabuena, pues.

Fdo. Srta. Licenciada en Periodismo

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2 pensamientos en “Titulitis universalis

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